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miércoles, 22 de febrero de 2017

Somos como aquellas mujeres. Solterona: La construcción de una vida propia

Si hay algo que me gusta de un libro es que me ayude a entender qué pasa en mi cabeza, a encontrar respuestas o indicios en sus páginas. Se suele pensar los libros tienen como objeto despegar a quien los lee del mundo real, aunque yo creo que la acción misma de leer es una puerta abierta a la realidad, a los pensamientos, y en este caso en concreto, a los nuestros, los de las mujeres.




Leer literatura feminista sirve para entender la inmesidad del imaginario femenino y en consecuencia, tu pequeña individualidad, para saber que no eres a la única a la que se le han pasado por la cabeza esas cosas, que no estás sola, que hay millones de mujeres ahí fuera que no se sienten cómodas con lo que les han enseñado desde pequeñas y necesitan explorar nuevas formas de entender su independecia, su relación con aquello que las rodea o por qué nacer con vagina implica tener que soportar que nos impongan un estilo de vida que no encaja con nosotras.

A medida que crezco y me veo envuelta en situaciones distintas, me doy cuenta de que mi concepción de las cosas cambia radicalmente, que ya no me enfrento a la vida de la misma forma, que cada año pasado me siento una persona nueva y distinta, que reiventarse es una cuestión de necesidad si quiero vivir mejor y más tranquila. Y así es como creo que Kate Bolick ha querido que sus lectoras se sientan mientras escribía este libro, lo que ha pretendido cuando vertía sus ideas en él y lo que ella ha vivido para luego contarlo en estas páginas. En definitiva, nos ha brindado la posibilidad de descubrir, como ella misma lo hizo, un relato que nos haga más autoconscientes de nuestras necesidades y nos anime a lanzarnos a la piscina para satisfacer nuestros deseos.


«Naces, creces, te casas... ¿y su no fuera así? 
¿Y si una chica creciera igual que ellos, con el matrimonio como una idea abstracta y de futuro, algo sobre lo que pensar cuando sea adulta, que podría hacer o no hacer?
¿Qué pasaría?».


Kate Bolick ha escrito un ensayo muy documentado sobre la soltería, pero lo que me gusta de su narración es que la base de la misma no son los datos o los hechos ajenos a ella, sino el propio relato de su experiencia en el amor y su deseo de soledad unidos a la información que ha ido obteniendo a lo largo de los años. La necesidad de escribir sobre este tema surgió del descubrimiento de sus cinco despertadoras: cinco mujeres que decidieron vivir su vida como deseaban sin ceñirse a los esteriotipos de su tiempo, rompiendo las convenciones establecidas y siguiendo el ejemplo de muchas mujeres que en el anonimato rompieron con todo. Estas cinco despertadoras, junto con las vivencias de la autora, son el hilo conductor de este ensayo.


«12 de noviembre de 1995: Un domingo perfecto para mis deseos de solterona: he leído todo el día y me he echado dos siestas.»


La autora reelabora el concepto de solterona, lo reividica como una posibilidad real para todas las mujeres adaptándolo a la situación individual de cada una de ellas y reivindica la soledad: la soledad de la soltería y también la soledad en pareja.


«Nunca en mi vida he estado sola. Quiero decir, verdaderamente sola, dependiendo solo de mí misma durante un periodo de tiempo considerable. por supuesto que era independiente: la independencia era el derecho por nacimiento de mi generación. Pero en todas mis ideas y venidas me habían cuidado, escuchado, acompañado, mimado, fueran padres o novios: en esencia, había vivido la vida de una niña».


Solterona ha sido un viaje duro que en algunos momentos se me ha hecho pesado. Aunque a parte de las ganas que tengo de mudarme a Nueva York, conseguir un trabajo de editora y vivir en un apartamento en Manhattan perfectamente decorado pero sin lavadora (a riesgo de morir de hambre), después de leer este libro esos picos de lucidez en los que Bolick tocaba mis más actuales preocupaciones han hecho que la inversión valiese la pena.


«Dime, ¿qué pretendes hacer
con esta vida tuya, única, salvaje y preciosa?».


Lo que está claro es que Kate Bolick se ha implicado en cuerpo y alma en el proceso de escritura de este libro, que se ha desnudado sin tapujos y eso es algo que me fascina encontrarme.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Mis libros favoritos del 2016

Puede que este sea el año en que más libros he leído de mi vida. Era uno de los propósitos de 2016 y lo termino satisfecha porque lo he cumplido. Según mi contador de Goodreads han sido 38, pero aquí he querido contaros qué me inspiraron estos libros, qué aprendí de ellos o por qué me han gustado tanto. El numerarlos no tiene que ver con que me gusten más o menos, siguen un orden aleatorio y si están en la lista es porque para mí, ha valido la pena leerlos.

Espero que os dé alguna idea de qué leer el próximo año y a ver si compartimos alguno. :3


1. Un libro que me hizo pensar en la suerte que tengo de estar viva.
El hombre cadáver, de Hideshi Hino. Editar por La Cúpula.

Este cómic o novela gráfica es una delicia. Es muy corto y se lee en media horita, pero su profundida y sus reflexiones me atraparon. El autor se inspiró en sus propias vivencias para escribirlo y habla de la enfermedad, del paso del tiempo, de los seres queridos, de cómo hay que aprovechar cada momento que estamos en este mundo. En definitiva, una joya.


2. Un libro con el que trasnoché porque no podía dejar de leer.
Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver. Editado por Anagrama Editores.

Esta ha sido la mejor novela que he leído este año. Me enganchó desde la primera página y llegó a mí en un momento en que necesitaba alejarme de mi propia vida.
La narradora es Eva, una mujer que ha criado a un hijo que ha resultado ser un asesino de un instituto de Estados Unidos y ya partiendo de esa base. que es de por sí una bomba, no hace más que mejorar.
Me asombró la profundidad de los personajes, la sinceridad de Eva a la hora de contar su terrible historia, la estructura de la narración, absolutamente todo. Es un libro duro pero lo he recomendado alguna vez y las opiniones eran bastante parecidas a mias. :)


3. Un libro sobre con el que me emocioné.
Voces de Chernóbil, de Svetlana Aleksievich. Editado por Debolsillo.

Svetlana Aleksievich no se merecía el premio Nobel, se merece un planeta con su nombre. Leerla fue una experiencia única. La autora pasó años recopilando testimonios de personas que vivieron el desastre de la central nuclear de Chernóbil y los plasmó en este libro de una manera que solo ella es capaz. La sensibilidad, la prosa magnífica que hacen de una desgracia una experiencia de otro mundo. Su prosa es durísima y uno debe esperar el momento adecuado para leerla, pero sin duda, en 2017, me acercaré otra vez a esta autora. Es brutal, un imprescidible.


4. El único libro con el que me he reído a carcajadas.
Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York, de Gail Parent. Editado por Libros del Asteroide.

Leer a Sheila Levine es como estar viendo una serie. Me recordó muchísimo a Girls, a Sexo en Nueva York. No es por nada, ya que su autora fue guionista de las Chicas Gilmore. Nunca jamás un libro había conseguido que me riese muy alto, es algo muy difícil de conseguir y con él disfruté muchísimo, me alegró el verano.


5. Un libro con el que entendí lo difícil que es desprenderse de la educación que uno ha recibido.
Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander. Editado por Blackie Books.

Shalom Auslander pertenece a una familia judía hasta las trancas, pero desde bien pequeño reniega de la religión y de las normas. Me encantó este libro, cómo Auslander se dirige a ese ser superior del que reniega, cómo satiriza su drama personal y cómo me acercó a la tradición judía.


6. Un libro que me provocó repulsión y admiración a partes iguales.
Lolita, de Vladimir Nabokov. Editado por Anagrama.

Leer Lolita este año era para mí un hito personal. Me lo habían recomendado muchas veces y no me extraña. Es uno de los mejores libros que he leído a muchos niveles. La construcción de los personajes es magnífica y Nabokov me hizo vivir a través de Humbert y Lolita como casi ningún escritor ha conseguido. Me he enamorado de su forma de escribir y el 2017 quiero que sea el año Nabokov.


7. Un libro que no sé por qué, siempre recordaré.
El librero, de Roald Dahl. Editado por Nórdica Libros.

No sé por qué, tengo mucho cariño a este relato. No es que sea nada del otro mundo, pero para mí es como haber leído un cuento que perdurará en mi memoria siendo ya mayor. Me parece que Dahl cuenta esta historia con un cariño increíble, y no os mentiré, la preciosa edición a cargo de Nórdica Libros, ilustrada por Federico Delicado, tiene algo que ver.

lunes, 8 de agosto de 2016

Shakespeare&Company: del mito a la realidad

Shakespeare&Company es uno de los templos literarios más famosos del planeta. En 1951, el americano George Whitman abrió en un edificio del siglo XVII (un antiguo convento) de la Rue de la Bûcherie de París una pequeña librería especializada en literatura anglosajona. Aunque mucho antes, en 1919, ya existió un Shakespeare&Co, el de Sylvia Beach, a la que Whitman quiso homenajear llamando a su nuevo establecimiento con este mismo nombre. El Shakespeare&Co de Sylvia Beach fue el de Hemingway, Joyce o Fitzerald. El de Whitman es el de Martin Amis, Ginsberg o Cortázar.

Escenario de algunas películas como Midnight in Paris. Aquí, Hawke y Delpy molando mucho en Before Sunset, segunda peli de la trilogía Before. Altamente recomendables. 

Historias y curiosidades del lugar a parte, que tiene muchas y se pueden encontrar todas en su web, he visitado esta librería en dos ocasiones. París es la ciudad de la literatura por excelencia, casi en cualquiera de sus calles se puede encontrar una librería, la mayoría de ellas, muy especiales y únicas, cargadas de historias e historia.

Esta pequeña librería a orillas del Sena ha sido el refugio de muchísimos jóvenes escritores a los que se les daba cobijo a cambio de trabajar unas cuantas horas vendiendo o colocando libros, posibilidad que todavía sigue brindando a los espíritus curiosos que quieran adentrarse en el universo paralelo que es este rincón legendario de la urbe.


Shakeaspeare&Co se ha convertido en un lugar de peregrinaje para aquellos que aman los libros. He viajado a París en dos ocasiones y las dos veces la he visitado acompañada de personas diferentes, en épocas de mi vida distintas.

Recuerdo que la primera vez era verano, hacía mucho calor y nos costó mucho encontrarla a pesar de no estar en un lugar del todo escondido. Tratándose de uno de los santuarios literarios de Europa, no esperas que sea tan pequeño. La fachada, de color verde, está adornada con un letrero que reza Shakespeare and Company y una fotografía de su máxima inspiración, el dramaturgo inglés más famosos de todos los tiempos.


El lugar está plagado de gente. Me imagino cómo fue en su día y cómo es ahora y entiendo que la esencia no es la misma, aunque ese recuerdo pasado sea la principal fuente de motivación para quien la visita.

En la calle hay estantes con libros de segunda mano que los visitantes ojean. En mi segunda visita es invierno y un chico y una chica cantan canciones con una guitarra. La escena está adorna con unas bombillas blancas que decoran la calle. El ambiente es festivo y la gente está tan emocionada como nosotras.

Dentro, la librería está abarrotada de libros. Los pasillos son estrechos y la gente se agolpa mientras mira los estantes. En cada esquina, hay un detalle que recuerda a tiempos pasados, cuando el lugar no era famoso y los escritores lo visitaban con asiduidad. Cuadros, fotografías enmarcadas, notas que dejan los visitantes sobre un muro, mensajes poéticos en las paredes, lámparas antiguas que cuelgan del techo y máquinas de escribir. El espacio es pequeño, pero está aprovechado al máximo. La librería parece un decorado en el que cada objeto está colocado con premeditación.


Explorando sus pasillos, uno siente que camina por un plano en miniatura de la ciudad de la luz, como si formase parte de algo muy grande e importante, sintiéndose al mismo tiempo insignificante rodeado de tanta grandeza, de la esencia de unos personajes que han conformado la literatura tal y como hoy la conocemos.

En el piso de arriba, después de subir unos escalones muy transitados por los que solo cabe una persona, hay una habitación con bancos pegados a los estantes de las paredes, porque en esta librería no hay ni un solo muro que no esté forrado con libros y, enfrente, una ventana grande con unas vistas increíbles de Notre Dame y el Sena.

Notre Dame y Allen Ginsberg te miran desde la ventana.

En la habitación todo está en silencio y los turistas, que se adivinan gracias a las gafas de sol apoyadas sobre la cabeza y las cámaras colgadas en el cuello, leen sus libros callados. En esta librería se puede oler el postureo desde el minuto uno. Se ha convertido en un enclave turístico y se intuye en la actitud de sus visitantes que, quizá, al estar en el mismo espacio que ocupan todos esos escritores, quieren sentirse más en consonancia con el ambiente que se respira. La visita pasa a ser un teatro y la actitud un conjunto de gestos estudiados y medidos, una escenificación que se debe prolongar hasta que uno vuelve a pisar el mundo real.

Los turistas compran libros y merchandaising como locos y nosotras, que no queremos pensar en el qué dirán o pensarán, compramos una bolsa de tela para recordar este día para siempre, para sentirnos partícipes de lo que está pasando allí dentro. Cuando uno entra en este tipo de lugares, se olvida por un instante de que todo está rodeado de esa aura de ficción, de los prejuicios que sabe que tendrá tiempo después.


Aprovechando el tirón, Shakespeare&Co ha abierto en la misma calle una cafetería y además, sigue siendo una librería de referencia en cuanto a presentaciones de nuevas obras de escritores reconocidos, organiza teatros y muchas otras actividades. ¡Visitadla si tenéis oportunidad!


Todas las fotos son de mi querida Raquel López (@chicapop19 en instagram) que me acompaño en mi segunda visita y hace unas fotos preciosas.

martes, 24 de mayo de 2016

La literatura y la vida son lo mismo

Mentiría si dijese que me ha gustado leer desde que tengo uso de razón. Nunca fui una pequeña Matilda devoradora de libros con complejo de rata de biblioteca. Aunque también estaría mintiendo si dijese que mis padres no me rodearon de libros desde temprana edad. Estoy bastante segura de que no me gustaban los libros por la acción misma de leer, sino por la idea que mi imaginario dibujó del los lugares en los que habitan los libros. Por todo lo simbólico de una habitación con estantes, por la atmósfera que solo los lugares repletos de hojas encuadernadas consiguen crear.

Estoy segura de que este amor mío por lo literario viene porque desde muy pequeña mi madre me llevaba a la biblioteca de la ciudad donde, por circunstancias de la vida y no por voluntad propia, todavía vivo. Era o es (ya que por fortuna para mí, todavía existe) una biblioteca muy pequeña, mucho más que las que luego, con el paso de los años y los periodos que he pasado en otros lugares, he visitado. Recuerdo entrar en la sala de literatura juvenil llena de mesas negras bajitas y sillas de madera diminutas en las que todos se sentaban a ojear cualquier cuento y los adultos se ponían a la cola charlando a la espera de devolver sus libros.

Toda esa parafernalia me procuraba un momento para observar la estancia como si fuese un nuevo universo del que por alguna razón, yo no me acaba de sentir partícipe. Sinceramente, no me gustaba leer mucho de pequeña. Más bien, al ver que los demás lo hacían, yo les imitaba en un intento de integrarme en ese ambiente que tanto me gustaba sin saber por qué. Porque, ¿qué sentido tiene ir a una biblioteca si no te gusta leer? Pues debe tenerlo porque a mí me encantaba. La biblioteca no era solo una habitación llena de baldas con libros, era una ventana abierta a un nuevo espacio donde ocurrían muchas cosas y que para mí ha ido cobrando más y más sentido con el paso de los años.

Después, en la adolescencia, empecé a tontear con la imagen que proyecta la figura del lector. Me gustaba pensarme a mí misma con un libro en la mano, aunque yo sabía bien que no era una buena lectora ni había nacido siéndolo. Pero lo intentaba, que conste. Leía por leer, pero leía, que ya es mucho. Puede que escogiese libros que en un primer momento, no eran los mejores para iniciarse como lectora. Yo apostaba por los clásicos: leí a Carmen Laforet, a Carmen Martín Gaite o a Mercé Rodoreda. Eran autoras que me recordaban a tiempos pasado (será por aquello de que todo tiempo pasado fue mejor) y yo, a pesar de no ser lectora de nacimiento ni espíritu, me empeñaba en leer títulos que a mis ojos y con un criterio cuestionable eran importantes. Se puede llegar a pensar que estas elecciones venían condicionadas por un postureo adolescente insoportable, y puede que sí, es algo que no negaré ni confirmaré nunca. Pero si resulta ser cierto, me veo en condiciones de afirmar que este postureo me convirtió en la lectora que soy hoy en día.

Una lectora que disfruta leyendo, que ama los libros sin medida y que cuando quiere conocer algo sabe que ellos le dirán todo aquello que quiere saber. Mi amor por la literatura no nació como una cualidad inherente a mi persona, pero pensándolo mejor, puede que sí porque si no… ¿a qué santo me esforcé tanto en amar algo que en un primer momento me parecía aburrido y no creía que fuese para mí?

Llegados a este punto y con 23 años, la literatura forma parte de lo que soy. Me conjuga, me modela, me ayuda a pasar los malos tragos y a comprender mejor todo aquello que me rodea, incluso mis propios sentimientos y vivencias. Me busco a mí misma en los libros. Me gusta leer historias que me cuentan cosas sobre cómo soy, sobre cómo es la gente que me rodea o que todavía no conozco. A veces leo mucho, otras poco. Pero a estas alturas he entendido que en menor o mayor medida la literatura es una constante en mi existencia.

Quiero que la motivación principal de este espacio sea hablar no solo de libros, sino también de todo lo bueno que me aportan. Creo fervientemente que los libros adquieren importancia para quien los lee si lo hace en el momento indicado. Y eso es, en esencia, lo que quiero hacer en este blog, vincular la literatura con la vida porque al fin y al cabo, son lo mismo.